
La sobrasada, escrita soubressade en francés, es un embutido untable originario de la isla de Mallorca, en las Baleares. Su pasta tierna, de un rojo intenso, reúne carne de cerdo, pimentón, sal y especias. Esa textura, más cercana a un paté especiado que a un embutido curado y firme, es lo que la distingue de todos los demás embutidos españoles.
Si solo busca el significado de la palabra: sobrasada y soubressade designan el mismo producto. El primero es el nombre de origen, el segundo su forma francesa.
La sobrasada es un embutido crudo curado, picado muy fino y embutido, que no se corta en lonchas sino que se unta. La receta tradicional se resume en pocos ingredientes: carne de cerdo, tocino, pimentón, sal y algunas especias. El pimentón cumple una doble función, ya que aporta al producto su color rojo característico y contribuye a su conservación.
Esas proporciones explican su perfil nutricional. Por 100 g, nuestra sobrasada aporta 597 kcal, 61 g de grasas de las cuales 22 g saturadas, 10 g de proteínas y 2,5 g de sal. Es un producto rico, para servir en pequeña cantidad, algo que su formato untable favorece de forma natural.
La sobrasada de Mallorca cuenta con una Indicación Geográfica Protegida. Esta certificación europea garantiza que ha sido elaborada en Mallorca, según los métodos de la isla. No todas las sobrasadas del mercado la tienen: es la primera señal de calidad que conviene buscar en la etiqueta.
La grafía varía, y con razón. El producto recibe tres nombres según la lengua:
A estas tres se suman las variantes que se encuentran por escrito: sobresada, sobressada, soubresade. Todas designan lo mismo. En español, la forma correcta es "sobrasada".
La sobrasada pertenece a la familia de los embutidos de conservación, los que se preparaban para aprovechar la carne de un cerdo sacrificado de una vez. En Mallorca ese trabajo tenía su momento en el año: les matances, la matanza familiar de otoño, en la que se transformaba el animal entero durante dos o tres días. La sobrassada es su producto emblemático.
Picar muy fino la carne y el tocino, mezclarlos con sal y pimentón y dejarlos madurar en la tripa: el procedimiento no tiene secreto. Lo demás lo hace el clima de la isla, suave y húmedo. Ralentiza el secado y deja al producto su textura pastosa, allí donde un clima más seco habría dado un embutido firme.
El nombre procedería de sopressa, "prensada", término que reaparece en la soppressata italiana y documentado en Sicilia ya en el siglo XV, cuando la Corona de Aragón unía ambas islas. Pero la sobrasada roja que conocemos no pudo existir antes del siglo XVI: el pimentón viene de América, y hubo que esperar su llegada a Europa para que la receta adoptara su color y su sabor actuales.
Circulan aún dos relatos sobre sus orígenes, uno que la atribuye a los pastores mallorquines y otro a la influencia árabe en la isla. Ninguno está probado. Lo cierto es que Mallorca la convirtió en su especialidad y que el producto viajó después: a Cataluña, a Valencia y mucho más allá de España con sus emigrantes.
Muchas familias francesas conocen la sobrasada no por Mallorca, sino por Argelia. El Oranesado contó con una importante población de origen español, llegada en gran parte de Alicante, Valencia y las Baleares. Se llevó consigo sus embutidos, y la soubressade quedó en la memoria de los pieds-noirs como un imprescindible de la kémia, el surtido de pequeños bocados que se sirve con el aperitivo.
Los recuerdos varían de una familia a otra: unos describen una pasta para untar, otros un embutido más firme y más picante, según lo que hiciera el charcutero del barrio. El producto que más se le acerca hoy es la sobrasada picante, cuyo picante da el carácter que se asocia a ese sabor.
Las dos versiones comparten la misma base de cerdo y pimentón. Lo que las separa es el picante.
La sobrasada dulce no pica. El pimentón aporta fruta y color, sin calor. Es la indicada para empezar cuando se descubre el producto, y la única que funciona con los niños.
La sobrasada picante añade guindilla. Queda muy lejos de los chiles fuertes y su calor baja rápido, pero aguanta mejor en la cocina, donde el resto del plato siempre la suaviza.
Nuestras dos referencias se venden en envase al vacío de 250 g, con carne de cerdo española. Contienen leche y pueden contener trazas de frutos de cáscara y sulfitos.
El uso más sencillo sigue siendo el mejor: untada en pan, preferiblemente tostado, a temperatura ambiente. En Mallorca se sirve a menudo sobre el pa amb oli, la rebanada frotada con aceite de oliva y a veces con tomate.
La combinación más interesante es la que la isla practica desde siempre: sobrasada y miel. El dulce apaga el picante y realza el pimentón. Servida así, sobre pan caliente, cambia por completo de registro.
En la cocina se comporta como un condimento graso y aromático. Una cucharada se funde en una tortilla, sobre patatas al horno, en una salsa de tomate o sobre la masa de pizza antes de hornear. En la barbacoa, untada en pan al final de la cocción, aprovecha el calor para soltar su grasa y sus aromas.
Envasada al vacío y sin abrir, la sobrasada se conserva en frío hasta la fecha indicada en el envase. Una vez abierta, guárdela en la nevera bien cerrada y consúmala en los días siguientes. Sáquela un cuarto de hora antes de servir: fría, la pasta queda firme y se unta mal.
Ambos son embutidos de cerdo con pimentón, lo que explica la confusión. Todo lo demás los separa. El chorizo se cura más tiempo y se corta en lonchas; la sobrasada conserva su textura de pasta y se unta. El picado es mucho más fino, la proporción de grasa más alta, y el resultado se come a cuchara o a cuchillo, nunca en rodajas.
En Mallorca la sobrasada no tiene una sola forma. El nombre cambia con la tripa empleada, y por tanto con el calibre y el tiempo de curación: bisbe, cular, bufeta, rizada, poltrú, o la tarrina, que se vende en envase. Las piezas grandes maduran más despacio y desarrollan aromas más profundos; las pequeñas están listas antes y quedan más tiernas.
La isla distingue además la sobrasada corriente de la elaborada con porc negre, el cerdo negro mallorquín, una raza local de carne más grasa y sabrosa, que tiene una mención específica dentro de la IGP.
¿La sobrasada se come cruda o cocinada? Cruda. Es un embutido curado, listo para consumir tal cual, como un fuet. Cocinarla es una forma de usarla, no un paso obligatorio.
¿Se puede congelar? Sí, y la textura lo admite bien porque ya es pastosa. Congélela en su envase original si está intacto y descongélela en la nevera para que la grasa no se separe.
Fuera de las Baleares no siempre es fácil de encontrar, y el lineal suele quedarse en el chorizo. Lo más seguro es acudir a un especialista en embutidos españoles y comprobar dos cosas: el origen del producto y la mención IGP Mallorca en la etiqueta.
Encontrará nuestras dos versiones, dulce y picante, en la página comprar sobrasada de Mallorca, junto al resto de nuestros embutidos españoles.
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